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Unas de cal y otras de arena Las de Cal: Volvimos al patinódromo después del día de descanso. El equipo colombiano había prometido una mejor actuación en la ruta, casi que a manera de reto. Las Coreanas no nos ganan ahí. Y es verdad y así ha sido en los últimos mundiales. Las juveniles y las mayores han mostrado hegemonía en el asfalto. Sin embargo, desde el umbral de la duda, cuando el albur quiere darse un paseo, apareció MARIA CLAUDIA SALAZAR, con no más de 1.60m de estatura, esa pequeña de ojos color de vino dulce, nos obligó a cambiar el pañuelo con que cubriríamos (si no ganábamos) la cara de la vergüenza y nos hizo usarlo para secar las lágrimas salinas de la felicidad, un pañuelo que untamos de oro y que gritamos como lo hace al ganar la libertad un preso. Pero, el día pintaba extraño en comienzo. Y en la prueba de mayores, prueba por puntos, dos coreanas dieron un concierto que hizo enmudecer la tribuna, el aire pasó en silencio y el sol hizo de las suyas esos segundos en que, petrificados, se les vió volar, las últimas tres vueltas de la prueba. 1 y 2, oro y plata que dejaban la tabla en un cabeza a cabeza, un derby de Kentucky en sus años de gloria. Pero Dios ayer dejó de ser Argentino y se vino para Colombia. Y se hizo rueda endemoniada, se vistió de rojo (quedamos en deuda con el tricolor colombiano, para el próximo mundial) y fue estela, fue trueno, se hizó cometa y rompió la distancia de los 300m. Así me gusta Dios, que aparezcas cuando más te necesitamos, dije. Yo, iconoclasta, ateo gracias a dios, lloré de aquellas mismas lágrimas que usan los niños para ganarse un dulce. Jeniffer Caicedo escribía en el electrónico, 18.27. Nuevo registro mundial. “Merde” dijo un francés que trataba de descifrar la algarabía en los palcos. Y Sara Vallejo sumo otro en la misma distancia. Por fín el cuadro de medallas era encabezado por los colombianos con la ayuda de las colombianas. Cuestiones del idioma machista. O no? Siempre ganan los argentinos o los españoles, así sean ellas (argentinas ó españolas) las primeras en cruzar la raya. Aquí empiezan las de arena: Bueno amigos, todo estaba dado para Colombia. Sin embargo, en el universo también se aparece el diablo (y no es “Bush” de apellido, por si las coincidencias) y ese si no tiene ciudadanía. Y se le apareció a Pedro Causil, colombianito de 15 años, primer año juvenil y venía vestido de Juez Electrónico. En los 300m, Causil, marcó 17.06. Y enseguida Daniel Greigg de Australia, paró el cronómetro en 17:10. Así que Causil y su público estalló en júbilo. Sin embargo, esa emoción duró milésimas, porque el cronómetro se devolvió 5 centésimas, y marcó 17:05. Y así, de Causil, la emoción viajó donde Greigg y la confusión reinó. Una cosa es el tiempo del fotonish y otro el que marca la rueda cuando uno de los patínes se levanta. Mejor dicho un enredo que hay que pedir sea explicado por los expertos. Y luego en la partida de otro colombiano, Carlos Puerto, después de 299m de recorrido, el cronómetro de largada no se disparó y tuvo que repetir la prueba. Se imaginan a Carl Lewis teniendo que repetir un hit de final de 100 porque no le funcionó el cronómetro y el juez estaba durmiendo la siesta. Y obvió, un poco minado, le alcanzó para un lugar 4 con 17.41. Los demás países siguen en el mundial pero casi de espectadores. Qué pasa con las potencias, que lo tienen todo y no se les ve en la línea de llegada? Por acá en este lado del océano, hasta Venezuela crece, mientras los amigos del sur, entre ellos Argentina, otrora potencia, duerme tranquila a la espera de… Así que con la visita de Dios y la del diablo, me despido por hoy.
Luis Clément desde Cali |
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