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Hoy termina el Mundial de Patinaje en su versión 2007, con un éxito indudable en el aspecto deportivo, no sólo por la actuación de Colombia, sino por el desempeño de otros países, que aparecen para la disciplina o recobran la importancia que tuvieron en años anteriores. No sucede lo mismo al hacer el balance de la organización, en donde hubo baches de los que hay que aprender. Empiezo por eso malo, para salir del trago amargo. La mayoría de los problemas, algunos de ellos angustiosos, son achacables a que el escenario fue entregado tardísimo (el mismo día de la inauguración). Eso fue poco serio por los constructores y permisivo de quienes requerían el patinódromo. Las consecuencias quedaron a la vista: incomodidad para parte de los espectadores, alrededores llenos de escombros y bochornosas fallas técnicas porque no fue posible hacer pruebas antes del inicio formal.
Y la Federación Internacional sí que tiene lecciones por aprender; por lo menos tres de ellas fundamentales en esa ilusión tantas veces repetidas de alcanzar un cupo en el programa Olímpico. La primera: no es posible que un deporte en el que las marcas son fundamentales, tenga tantos errores de cronometraje. Explica la Federación que no existe un sistema específico y que deben adaptar los del atletismo o del ciclismo; mal hecho, deben construir uno que se ajuste a las exigencias de su deporte. Segunda: definir el torneo por puntos le quita todo el sabor; nadie, ni los mismos deportistas, están pendientes de esa tabla; todos, en cambio, saben de memoria cómo va la lucha por las medallas. Tercera: Valdría la pena poner algún listón de exigencia para llegar al Mundial. Más de un país y más de un patinador resultaron de relleno.
Es triste tener que hacer ese recuento negativo, porque todo lo demás es una suma enorme de virtudes. Pocas veces he visto en Cali un público tan entusiasta y tan participativo como lo vi esta semana en el patinódromo. Eso se debe, claro, al espíritu de los aficionados, pero especialmente es fruto de lo espectacular que son las competencias y al gran sacrificio que derrochan cada uno de los hombres y mujeres que saltan a las pistas. También compartimos ese sueño de que el patinaje llegue a los Olímpicos (como ya está en los Panamericanos y en los Centroamericanos y del Caribe). Comparado con buena parte de las disciplinas olímpicas, el patinaje gana lejos en destreza atlética, en necesidad de fortaleza física y en emoción como espectáculo. No estará en Beijing ni en Londres, Merece que sea parte de las pruebas en el 2016. |
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