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La masacrante One-Eleven son 111 kilómetros condimentados con unas subidas no aptas para debiluchos, que adjudican premios extra al que pase primero. En su 10º edición, esta carrera se definió al fotofinish en la categoría varones. Una vez mas Massi Presti demostró porqué es el rey de las maratones, y quienes lo vieron actuar dicen que mantuvo dominado el pelotón de principio a fin: controló toda escapada importante, y atacó en el momento justo para librarse de temibles oponentes. Sobre el final hay una curva muy cerrada: el neocelandés Ben Alchin estaba adelante en el pique, pero Massi lo superó por 7 centímetros. Tercero quedó el francés Deniaud. La carrera de las chicas estuvo rodeada de una cierta controversia. En esta prueba las mujeres largan junto con los varones, por lo que las mejores aprovechan y se pegan a los corredores mas rápidos, almenos durante las primeras etapas: esas fueron Anne Claire Maillard, Andrea Hartichelhar, Annette Frik-Dietrich, Livia Meier, Karin Widmer Lea Thurling & Cinzia Ponzetti. A unos 30 km de la largada se empezaron a despegar, y quedaron al frente Maillard, Ponzetti, Frik-Dietrich, Hartichelhar & Meier. A la primera subida fuerte Ponzetti se quedó, y las otras cuatro siguieron mas o menos a ritmo contenido. Pero Maillard sabía que al sprint iba a perder contra las otras, así que intentó acelerar el paso. Al final la francesa se escapó y se volvió a pegar a los varones en la punta, mientras las otras tres siguieron solas dándose el cambio para tirar durante unos 50 km. A ese punto las alcanzó una tal Irene Raab, desconocida alemana del club Munich Power que venía mezclada con un grupo de varones. Se mantuvo allí durante un rato pero faltando unos 20 km Irene se escapó con Anette. Anette no aguantó mucho y volvió a entrar al grupo original compuesto por Andrea y Livia. Finalmente la francesa Maillard ganó con 8 minutos de ventaja y la Raab llegó 5 minutos por delante del grupo de Andrea, al que la marplatense encabezó. Se estaba por relegar a la Raab, pero ella y su manager argumentaron que no la habían dejado largar entre las mujeres de elite, y además los varones no la dejaban pasar. Asi, la segunda plaza se otorgó ex-aequo a la Raab y a Andrea. (reporte de Bill Begg, juez árbitro de la prueba) |
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