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5 - Aspectos psicológicos

de niños, padres y entrenadores

Y por casa cómo andamos?
Si aplicamos metódicamente lo que hemos estudiado en las entregas anteriores, con toda seguridad terminaremos gestionando un grupo cohesionado y homogéneo, que se divierte patinando y vuelve con gusto a nuestras clases. De ese grupo, algunos integrantes abandonarán la práctica deportiva al llegar la adolescencia, otros patinarán por el resto de sus vidas, otros se convertirán en corredores. Está claro que en esta etapa de crecimiento nos interesan todos por igual, pero para poder evitar el primer caso, debemos estar capacitados y a la altura del compromiso que los padres nos delegan. Consideren también que se trata de una responsabilidad civil la que asumimos al encargarnos de un grupo de chicos!
Una estadística del Comité Olímpico Italiano publicada en los años ’80 mostró que al menos el 50% de los adolescentes de entre 15 y 20 años que abandonaron toda actividad deportiva, lo hicieron como consecuencia de los errores y presiones ejercidos sobre ellos en edad infantil. No es difícil dar crédito a tal dato: ¿cuántas veces hemos sido testigos de esa barbaridad en nuestro deporte?
Por lo tanto, antes de analizar la psicología del pequeño patinador, nos conviene primero sondear la nuestra. Pasen, acuéstense en mi diván y díganme: ¿Por qué están en la pista, rodeados de chicos, listos para ponerse manos a la obra? Veamos algunas respuestas tipo:

• Porque en mis tiempos de corredor/atleta era un “fiera”, y quiero transmitir eso.
• Porque en mi tiempos de corredor/atleta era un “perro” y esto me sirve para desquitarme.
• Porque mi hijo está en el grupo y nadie lo puede entrenar mejor que yo.
• Porque me van pagar una beca/subsidio.
• Porque la madre del rubiecito aquel está para comérsela con papas al horno.

Si después de un examen de conciencia sus respuestas incluyen una o más de las enunciadas arriba, háganme un favor: dedíquense al artístico. O mejor aún, aléjense de toda forma de deporte infantil. Gracias.

Tipos de entrenador
Hay varias clases de liderazgo deportivo:
• Carismático - entrenador líder indiscutido y paternal
• Burocrático – entrenador como garante de normas y disciplina
• Participativo – decisiones del entrenador bajo mandato de los chicos
• Funcional – líder designado en base a la capacidad (para deportes de equipo)
• Motivacional – mediación entre individuos (para alto nivel)
• Dictatorial – entrenador con poder absoluto (para selecciones nacionales de países subdesarrollados)
La experiencia nos demuestra que un mix adecuado de las tres primeras clases de liderazgo dan los mejores resultados, pero eso es algo que no se puede enseñar en ningún curso: el ingrediente mas importante de ese mix es el sentido común, y además hacen falta años de práctica para emplear cada ingrediente en su justa medida. Por eso, antes de afrontar un grupo de niños ansiosos por divertirse patinando, sepan exactamente porque se encuentran en esa posición, y qué pretenden de ella. Cualquier interés mezquino o ambición personal, cualquier razón ajena al bienestar de los niños, es incompatible con el oficio del entrenador infantil.

Freud, Jung, Adler, Lacan y compañía

La psicología infantil es un campo tan vasto e interesante que aún leyendo tomos y tomos al respecto no tendríamos más que una idea sumaria... Casi tanto como los supuestos expertos de la materia. Así que por las características de este tratado rozaremos superficialmente el argumento: solo un par de conceptos que nos pueden servir alrededor y dentro de las pistas.

Necesidades del niño
Este párrafo está extraído en parte del trabajo “L' attività giovanile”, del técnico italiano Stefano Boato (publicado originalmente en 1988 por la FIHP).
Veamos brevemente cuáles son las exigencias del niño en el ámbito de las actividades motrices:

Goce – En toda actividad que realice, lo que el niño busca es complacencia, deleite. Para él, el deporte significa diversión, y su satisfacción personal está representada por el éxito. Por lo tanto, como entrenadores debemos crear las condiciones para que cada sesión de entrenamiento incluya experiencias de éxito para cada uno de nuestros niños. Esto es menos difícil de lo que parece: en el grupo seguramente tendremos chicos con dotes físicas superiores, pero encontraremos también en los otros características por las cuales pueden emerger sobre los demás. Debemos tratar de gratificarlos a todos por igual, y no sólo a los que hacen bien los ejercicios. Es más: les aconsejo que traten de gratificar un poco más a los que sufren frustraciones con mayor frecuencia. Ojo: experiencia de éxito no quiere decir necesariamente o exclusivamente “ganar carreras”! Puede ser simplemente que el chico consiga superar un obstáculo, dominar una nueva destreza, o que su equipo gane el partido de fútbol sobre patines al final de la sesión.
Será además nuestro deber observar en qué aspectos cada chico puede dar lo mejor de sí, y proporcionarle los estímulos adecuados para que lo haga.

Competitividad - Como es notorio, esta es una característica intrínseca del ser humano. Para el niño, la capacidad de confrontarse con sus símiles es sumamente estimulante y le da la motivación necesaria para ejecutar la actividad deportiva con ahínco. Como ya vimos, la competitividad es importantísima en el desarrollo motriz, pero es menester que el chico tenga una visión “a medida” de la misma: debemos darle un 50% de posibilidades de éxito, y enseñarle a aceptar la derrota sin crearse problemas ni dramas. Lo mismo dígase del triunfo: como el niño todavía no tiene las mismas perspectivas espacio-temporales que tenemos nosotros, para él una victoria es LA VICTORIA, y no importa que sea en un campeonato nacional o una carrerita provincial. Los entrenadores sin preparación, los dirigentes ignorantes y sobre todo los padres exaltados agigantan esta sensación del chico, creando en él una influencia negativa y un principio de tensión. Por eso debemos darle muchas experiencias de suceso en entrenamiento: para que asimile que sus chances de éxito en competencia serán concretas a medida que vaya progresando, y que la derrota no es mas que un medio para aprender de sus errores.

Pertenencia al grupo – Una de las necesidades primarias del ser humano: somos un animal social. Es obvio que debemos establecer y mantener un grupo unido, pero asume una importancia crítica no descuidar a los chicos que se agregan posteriormente a este grupo. He notado que muchas veces los profesores no les prestan la suficiente atención a los “nuevos”: una actitud muy comprensible pero errónea. Tenemos que darles una recepción entusiasta, y garantizarle a los “principiantes” diversión pero sobre todo esas “experiencias de éxito” que harán que no se sientan excluidos del grupo.
El pertenecer a un grupo es la base del juego de equipo: hay que poner en condiciones a cada niño de conseguir el éxito en dependencia de los demás. Por ejemplo, en los circuitos de destreza por equipos, traten de componer el grupo de modo que cada pareja esté más o menos al mismo nivel, y si alguno sobresale, poner en su mismo equipo a los principiantes.

Rendimiento – Cuando el niño nota que hace progresos, buscará continuar mejorando por sí mismo. La performance le da diversión, y es divertido para él tener un buen rendimiento. Por eso será él mismo quien desee perfeccionarse, compararse con los demás, superarse. Imponer ejercicios para obtener mejorías seguramente da resultados inmediatos pero no se obtendrá así el máximo rendimiento. Si el chico no se divierte, les garantizo que no se empeñará en dar lo mejor de sí mismo. Así que no debemos exasperar la componente de rendimiento del niño, sino limitarnos a mantener encendida su motivación... A menos que no quieran ver otro “mini-campeón” abandonar el patinaje a los 12 años.

Juego – Palabra clave! Siendo una de las necesidades imprescindibles de todo mamífero inteligente, el juego es el método esencial y definitivo de aprendizaje. Por medio del juego, el niño enfrenta su realidad (muy diferente a la nuestra!) y se apropia de ella, expresando y liberando sensaciones reprimidas que podrían obstaculizar la evolución positiva de su esfera afectiva.
Boato tiene una estupenda ilustración del juego: dice que es el “papel” con el que envolvemos ese “caramelo” compuesto por todas las cosas que el mini-atleta necesita para crecer adecuadamente desde el punto de vista físico-deportivo.
En el mundo moderno, con tan poco espacio a disposición y tanta mierda electrónica, la actividad lúdica deportiva debería jugar un rol aún más importante. Tener en casa un niño sedentario es criminal!
Lean este interesante artículo del Prof. Oscar Incarbone: El Juego en el nivel inicial >> (extracto). Recuerden que tienen varios ejemplos de juegos en este apéndice >>, además de un par de textos al respecto señalados en la bibliografía >>

Motivación

Porqué el chico viene a nuestra clase? Puede ser porque lo convenció un amigo o un pariente, vió un video, le regalaron unos patines, etc. – Para nosotros como educadores, cualquier motivo es bueno. Insisto: cualquier motivo. En mi caso particular, empecé a correr con unos 8 años, pero abandoné definitivamente la práctica habitual del hockey (y otros deportes) a los 13 para dedicarme totalmente a las carreras. ¿La causa principal? En este deporte hay chicas! Quién me mandaba a recibir montones de bochinazos y palazos (en hockey era arquero), cuando podía patinar tranquilo y apretadito entre dos minones?
Nota al margen: observen otra desventaja de la especialización precoz... tengo casi 40 pirulos y sigo sin perder ese vicio!

Cada chico que nos llega a la pista es un tesoro. Todo lo que vimos hasta ahora, todo lo que sabemos y todo lo que nos queda por aprender debemos orientarlo a mantener viva la motivación de cada uno de los chicos que nos conceden la gracia de asistir a nuestras sesiones de entrenamiento/clases. Como se nota en mi caso personal hay muchas clases de motivación, que es una componente primordial de la esfera psicológica de la personalidad. Hagamos una clasificación de las clases de motivación relativas al deporte infantil:

• psicofisiológicas: juego, competencia, agresividad
• psicosociales: juego, competencia, comparación, estética, seguridad
• psicodinámicas: juego, competencia, éxito, emulación, condicionamiento socio-cultural

O sea que la mayoría de los motivos que llevan a un chico a practicar deporte tienen que ver con el juego principalmente (como vimos, es su necesidad mas imperativa), y con la competitividad en segundo plano. Atención! Repito con otras palabras un concepto que vengo formulando desde la primera entrega: debe quedarles bien claro que en edad infantil el aspecto competitivo del deporte no es una motivación en sí, sino solo un medio de diversión, además de una especie de “instinto natural” que no debe ser fomentado. Y seguiré repitiéndolo hasta el hartazgo: ya llegará el momento en que los niños, por sí solos y sin la presión de los adultos, le den la importancia que merece a la competencia en sí misma.
Las otras motivaciones son accesorias: por ejemplo al ver en televisión un campeón mundial u olímpico es normal que el niño quiera intentar seguir sus pasos (emulación), y si todos sus amigos lo hacen él también querrá probarlo (condicionamiento socio-cultural). Pero sea el deporte que sea, por mas emulación y condicionamiento que haya, tarde o temprano el niño abandonará ante la falta de diversión (su mayor motivación). Por eso no es excusa la supuesta falta de ídolos en nuestro deporte: si le garantizamos juego y diversión a los chicos mientras patinan, tenemos la fórmula mágica para forjar y acrecentar nuestro grupo. Como demostración, el caso ejemplar de Jujuy: una zona donde el patín nació de la nada y sin ídolos de relieve, posee hoy el mayor conglomerado de escuelitas del país.

Estímulos

Estamos permanentemente rodeados de estímulos de todo tipo. Para los niños esa aseveración se ve amplificada, visto que su atención limitada debe transitar de un estímulo a otro sin solución de continuidad. Como entrenadores, somos transmisores de estímulos, pero son los estímulos positivos los que mantienen viva esa motivación de seguir patinando en el chico. El estímulo más inmediato obviamente será visivo y auditivo. ¿Cómo nos dirigimos a los chicos? Como todo el mundo, usamos dos tipos de lenguaje:
• Verbal: informaciones y órdenes con nuestra voz. Nuestros mensajes deben ser sencillos, precisos y sobre todo claros.
• Corporal: señales y expresiones faciales, posturas y gestos del cuerpo entero. Debemos mostrarnos positivos al explicar y comandar (cabeza alta, sacar pecho, nada de brazos cruzados) y disponibles a escuchar al chico cuando se dirige a nosotros (agacharnos hacia él, reclinar la cabeza hacia un lado, tomarle las manos o apoyarle una en el hombro).

A continuación veremos como dirigir esos estímulos hacia la obtención de nuestros objetivos.

Nociones de Didáctica

En la bibliografía >> que acompaña estas entregas indicaré algún texto de didáctica, un instrumento sumamente útil para nuestro trabajo. Aquí veremos solo una pequeña parte de lo que nos puede servir en la pista.
Más de una vez durante este curso les demostré que somos educadores, y como buenos maestros, debemos saber enseñar. Es importante destacar que la autonomía de atención de un pre-adolescente se mide en el orden de escasos minutos: cualquier ilustración o explicación que dure más que ese breve lapso, será tildada de aburrida por la concurrencia. Eso se debe en parte a que la inmensa cantidad de estímulos que recibe el chico en todo momento no se procesa correctamente, por eso tenemos que tratar de hacerles descartar toda información superflua y conseguir que nos dediquen la mayor parte de su atención (que toda es imposible!). Gánense la atención del grupo! De lo contrario estamos destinados a fallar en nuestra transmisión del mensaje.
El aprendizaje es algo continuo y permanente; en el caso del aprendizaje motriz buscamos desarrollar, adaptar y perfeccionar formas de movimiento y acción que tienen como objetivo la correcta ejecución del gesto técnico en forma automática (o parcialmente automatizada). Tenemos que dominar un modo efectivo de transmitir el mensaje que queremos darle a los niños, y facilitarles la recepción de ese mensaje (lo que tienen que hacer).
Tengan en cuenta que al verbalizar nuestro pensamiento, normalmente somos poco precisos. Si el entrenador piensa “negro”, generalmente alcanza a decir “gris oscuro” y como resultado el chico hace “gris claro/blanco”. De hecho, normalmente un 15-20% de la duración de la sesión se emplea en las explicaciones (mas tiempo en el caso de las niñas... Y no lo digo yo solamente!). ¿Cómo podemos aprovechar mejor el tiempo? Usando el método del modelo, o sea mostrando visualmente/táctilmente al chico lo que queremos. Los expertos sostienen que el mejor entrenador es el que hace menos cosas, pero explica mas.
Así que en la medida de lo posible ilustraremos nosotros mismos el movimiento que requerimos de los chicos, o los tocaremos allí donde queremos que actúen. Por ejemplo, al buscar que mantengan la posición correcta, tocarles a cada uno la punta del patín, la rodilla y el hombro en sucesión.
En los apéndices 1 >> y 2 >> encontrarán un tipo particular de ejercicio: los “propioceptivos”. Tienen la misma finalidad que lo que acabo de mencionar, o sea sentir el ejercicio: apreciar las presiones en determinados puntos, someter a una cierta fuerza tal grupo muscular... Con ellos se pone en marcha un complejo sistema que tiene que ver con funciones neuro-musculares y específicos medios (como los órganos de Golgi en los tendones y los corpúsculos de Pacini en los músculos), dedicados a enviar una serie de informaciones dinámicas al cerebro. Esas informaciones le van a servir al chico para ir mejorando su técnica, y a nosotros para evaluarlo: son parte de lo que se llama comúnmente feed-back.

Información de retorno o Feed-back
Es fundamental utilizar este recurso didáctico para valorar el resultado de la acción cumplida, y sobre los detalles o parámetros ejecutivos del ejercicio. Esta información de “retorno” puede provenir del mismo niño y/o del entrenador, y tiene una estrecha relación con la motivación y comprensión: si el chico no está motivado, no hará bien el ejercicio; si el chico no entendió la explicación, no hará bien el ejercicio.
El feed-back puede ser:
• Visual: espejo, video
• Sensorial: descripción por medio de gestos y tacto
• Auditivo: descripción por medio de palabras
Obviamente las dos primeras son mas efectivas, pero si no nos queda mas remedio que recurrir a la tercera, es recomendable usar un leguaje positivo sencillo (“Ok, está bien”), positivo específico (“apoyaste bien el pié”) o negativo específico (“no levantaste el brazo hasta acá”). Evitar el negativo sencillo (“No, te equivocaste” a secas), porque siempre hay que explicar donde está el fallo. Debemos darle al niño información concreta, brindarle referencias precisas: “el patín tiene que llegar hasta acá”, “el brazo no pasa de esta línea”.
Por último, en relación al momento en que se da el feed-back, puede ser sincrónico, inmediatamente sucesivo a la ejecución, y retardado. El feed-back sincrónico es efectivo cuando el chico está patinando, porque se utiliza mejor con gestos cíclicos (de lo contrario causará confusión). Los otros dos tipos son útiles luego de la ejecución de ejercicios individuales o de la prueba que se estaba evaluando.

Intervención contra errores
Cuando sea el momento de corregir errores de ejecución, conviene seguir dos fases:
• De intervención:
- Observar e identificar el error
- Decidir tipo y forma de intervención
- Interrumpir e intervenir
• De observación: una vez que se intervino en la corrección de error, hay que:
- Observar al niño y su respuesta ejecutiva
- Evaluar si actúa la corrección
- Juzgar si el niño ha captado y está utilizando el feed-back que le dimos

Hay que evitar en modo absoluto hablar colectivamente de los errores individuales: si solo Juancito sigue sin cruzar bien el pié izquierdo, es absurdo detener la sesión y recordarles a todos como se cruza el pié izquierdo. Juancito se sentirá disminuido, se divertirá menos (o para nada) y perderá su motivación, mientras que para los demás será un feed-back inútil. Hagan con Juancito un par de repeticiones de ejercicios específicos, y si ven que no hay resultado positivo, vuelvan un paso atrás en la progresión técnica del chico.
Para finalizar el argumento, recuerden que cada niño tiene características preferenciales diferentes, así que no usen automáticamente con todos el mismo tipo de intervención didáctica. Cada uno de ellos merece toda la atención personalizada que podamos darle.... Y no me vengan a decir que tienen muchos chicos: ningún club argentino sabe lo que es tener MUCHOS chicos. A ver quién me contradice!

Los padres, un mal necesario

No podemos concluir este tratado sin intentar por lo menos analizar el comportamiento (verdaderamente desequilibrado a veces) de los progenitores. Quienes tienen hijos podrán entender mejor lo que pasa por la cabeza de un padre, sin duda... pero eso no los exime de ser uno de los peores males del patinaje de velocidad sobre ruedas en Argentina.
Seamos honestos: obviamente este deporte no podría existir sin el sacrificio y apoyo de los padres, que en la mayor parte de los casos son quienes apoyan el deporte con trabajo propio, sacrificándose para que sus hijos puedan estar en un club y tener buen material. Pero en nuestro país (y en menor medida en Italia y España, casualmente los países a los que más nos parecemos) evidentemente las expectativas y frustraciones personales de muchos adultos se descargan con asombrosa amplificación sobre los pequeños patinadores. Como resultado, nacen estúpidas rivalidades que producen niños disgustados por los patines, y se acaba por extinguir el deporte en determinadas áreas... De mas está que indique esas áreas, no?
Poseo una mínima experiencia en otros deportes (incluso individuales) pero no he hallado una situación análoga a la que se verifica en el patinaje. En las competencias infantiles de ninguna disciplina he presenciado los escandalosos desplantes que protagonizan ciertos adultos que frecuentan las pistas argentinas. Tenemos el estigma de ser el único país del mundo con una imputación ante la FIRS por agravios de padres de ciertos corredores hacia atletas rivales extranjeros. ¿Se trató de un hecho aislado? En absoluto. Quienes conocen el ambiente del patín nacional saben que esto es rutina, una conducta común a todos los niveles. Un perfecto ejemplo para nuestras futuras generaciones de patinadores... ¿Cómo es posible que se haya llegado a esta situación? Quizás las causas estén dentro del tejido social argentino: un país tan problemático es una fábrica de fracasados, de avivados, de oportunistas. Dada la naturaleza de este duro deporte, quizás estos adultos inseguros vislumbran un reflejo de la grandeza, de la entereza que ellos ya nunca podrían llegar a alcanzar. O a lo mejor se trata simplemente de un deporte en este país mal nacido, que a pesar de (o por culpa de) la pasión que despierta, desde sus albores tuvo problemas de organización, gestión y control. En cualquier caso, habiéndonos ya mentalizado en esta filosofía de la “competencia como un medio y no un fin”, debemos iniciar a transmitirla a los padres de nuestros pequeños corredores... que a menudo pasan a ser jueces o dirigentes, así que a mayor razón deben comprender la importancia de una correcta educación deportiva infantil.

Indiscutiblemente no es parte de nuestra tarea brindar terapia grupal gratuita ni a los papás ni a sus hijos, pero deberemos emplear todo nuestro tacto, diplomacia y educación para disuadir a esos pocos pero notables exaltados que piensan que han engendrado a un mega-campeón mundial. O al menos educarlos un poco, porque uno solo de esos personajes puede arruinarnos un grupo entero de padres.
Obsérvenlos bien, y notarán que en el 99% de los casos, quienes así actúan son personas con algún tipo de complejo (inferioridad o su opuesto, por lo general), así que para ponerlos en su lugar les aconsejo aplicar un método “homeopático”: ser humildes con los que se consideran poco y superiores con los sabihondos.
Una muestra: esa madre que desde la baranda le grita a su hija desaforadamente una serie de órdenes diametralmente opuestas a las que le estamos dando a la pobre chica, es buena candidata a una discusión de “igual a igual”... Nos dirigimos inmediatamente a ella y, de modo que nos escuche todo el patinódromo, le preguntamos: “Señora Tal, sería Ud tan amable de recordarme cuál es la capacidad VO2 de su niña en el rango de entre 160 y 170 pulsaciones? No? Bueno, entonces seguramente podrá indicarme sus valores en el último test de Conconi... Tampoco? Ah. Bien. Gracias de todos modos por su colaboración.” La señora en objeto podrá reaccionar de dos maneras:
- aprende la lección y por el papelón no volverá a obstaculizar nuestro trabajo
- no se dá por aludida o se ofende
La segunda alternativa es un grave caso de ignorancia, que no puede dejarse sin solución: nuestro ambiente lamentablemente esta superpoblado de ignorantes, no necesitamos otro más. Por lo tanto será conveniente llamar la atención a este tipo de personas por medio de un alto dirigente del club, y eventualmente aplicar las normas disciplinarias del mismo. Si la persona en cuestión fuese el mismo dirigente... bueno, sería el colmo.

Regla universal:

El único niño que podemos darnos el lujo de perder en el grupo, es aquel cuyos padres son IGNORANTES.

Para evitar este tipo de comportamiento, desde la primera clase hay que dejar bien en claro quién manda en la pista, pero sin recurrir a métodos despóticos: basta solo con manifestar seguridad y preparación. Una vez que hayan demostrado incuestionablemente quién es el experto en el campo, no tendrán problemas de insubordinaciones y/o interferencias.
Los ejemplares mas peligrosos de padres acomplejados son los que no revelan su inadaptación en la pistas, sino que se reservan las manías para casa. Calladitos y sumisos, hacen el daño a nuestras espaldas... Pero tarde o temprano se exponen! Son los que por ejemplo tienen un chico de 10 años y vienen preguntando cosas como:
- puedo hacerle hacer un par de sesiones de “fartlek” extra durante la semana?
- qué me aconseja, una dieta mas rica en proteínas o en carbohidratos?
- y si le ponemos ruedas de 110 mm?
Como suelen ser razonables, traten de involucrar a este tipo de padres en las actividades del grupo, así aprenden algo mas sobre el entrenamiento infantil y se dan cuenta del perjuicio que le pueden ocasionar al propio hijo si siguen actuando incorrectamente.

El tema da para mucho más, pero creo que podemos sintetizarlo con la lista que les daré a continuación, adaptada en parte de unas notas de la seleccionadora nacional USA, la Sra. Linda Wood. Impriman varias copias y repártanlas entre los padres de sus clubes, posiblemente al empezar a trabajar con un grupo nuevo porque les será mas difícil erradicar malos hábitos ya arraigados.

Consejos para padres de patinadores

Durante las sesiones, mantengan un perfil bajo. Dejen al entrenador hacer su trabajo y entreténganse viendo a su hijo desarrollarse sanamente mientras se divierte.
El entrenador ha estudiado y se preparó adecuadamente para cumplir con el trabajo asignado. Es un profesional y para eso le pagan!
Observen y evalúen, pero eviten ser arrogantes, incluso si fueron corredores alguna vez: el entrenador no tiene ningún interés en quedar mal y busca el bien común.
En entrenamiento, comuníquense con su niño en privado y de manera positiva.
Si tienen la necesidad de hablar sobre el chico con el entrenador, háganlo también en privado: sabrá escucharlos.
Sean modelos positivos: en todo momento hablen con propiedad, muestren deportividad, y dejen que su comportamiento en general sirva como ejemplo para todo el grupo
Dejen los chismes para otro ambiente que no sea el deportivo
Redefinan su concepto de “ganar” y “perder”. Pongan énfasis en el esfuerzo de alcanzar el máximo potencial de sus hijos como personas y como parte de un equipo
Vean a los oponentes como camaradas, no enemigos. Acentúen en sus hijos la competencia contra si mismos, ya que los contrincantes están ahí justamente para ayudarlos con esa misión
Fomenten la cooperación, promuevan el trabajo de equipo, sancionen el egoísmo: recuerden que nadie gana solo por sus méritos personales
Mantengan el deporte en perspectiva: no es este el único interés de sus hijos, y Uds deben ayudarlos a crecer como personas completas, no solo como atletas
Sean positivos, siempre. No critiquen: feliciten primero, aconsejen para mejorar después
Cada chico es un universo diferente: aprecien su individualidad y ayúdenlo a desarrollarse a su propio ritmo
Nunca les pongan “etiquetas” a los niños: ellos tienden a comportarse y actuar dentro de los límites que les pongamos: déjenles la libertad de fallar o de tener éxito.
No confundan oír con escuchar. Atiendan sus necesidades y preocupaciones (que pueden parecerles triviales) y háganles saber que los entienden y apoyan.

Conclusión

Me gustaría finalizar este tratado agradeciendo personalmente a esas 2 o 3 personas que tuvieron la paciencia de leer TODO este trabajo. Espero de corazón que les sea útil, y que consigan todo el éxito que se merecen en este oficio tan ingrato de ser entrenadores infantiles.
Gracias también a Laure, Ana, Joao, y Esteban por las correcciones, observaciones y contribuciones. Y por fin, gracias al Maestro, al Guru, al amigo... aquél a quién tanto debemos como mentor del desarrollo del patinaje infantil en el mundo: Don Roberto Perrone. Los dejo con un regalo: un texto del mismísimo Gran Maestro, que en una sola página sintetiza el contenido de todas estas entregas. Publicado originalmente en 1980, este visionario artículo debería ser texto obligatorio para todo aquel que se inicie en el patín carrera: Deporte y Competitividad infantil >>

Salud, colegas!

M. Bresin ©PatinArgentino.com


4 - Entrenamiento infantil II
Deporte y Competitividad infantil