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Deporte y Competitividad infantil

Por Roberto Perrone

Se entiende como deporte toda actividad que esté conectada al ejercicio físico aplicado con el propio cuerpo, utilizando solo los músculos o por medio de equipamiento accionado por fuerza muscular u otras cualidades (destreza, precisión, coordinación, inteligencia, etc.). Allí donde el individuo se mida con sus símiles al practicar deporte, estamos hablando de deporte competitivo.
La emulación, la combatividad, el deseo de prevalecer es latente en cada ser humano por instinto natural. Nadie puede evitar esta expresión de vida, y cada uno de nosotros en nuestro campo mas congenial nos encontramos frecuentemente, queriéndolo o no, en posición de competir. Dicho esto, se podría deducir que los niños, cuanto antes se encuentren en terreno competitivo, mejor se prepararán y se formarán para su vida futura... Nada más erróneo!


Maestro de los Maestros!

Para el pequeño la competencia debe representar un hecho consecuente y no principal. El objeto de su actividad deportiva tiene que ser parte de su integración social, con los demás y no contra los demás. El niño debe concebir el deporte como expresión natural de su metabolismo en función de un armónico crecimiento físico y moral. Su participación agonística debe representar un momento de confrontación consigo mismo, no respecto a los demás. Jamás podemos olvidar que al término de una prueba, los pequeños atletas siempre se esperan un juicio de sus mayores, por lo cual festejarlos excesivamente por una victoria o retarlos por una derrota constituye, en todo caso, un momento traumático y psicológicamente negativo.
Con la exaltación del triunfo, el pequeño ganador se sentirá enormemente importante y tenderá a considerar el hecho deportivo victorioso como suprema componente de su joven vida, perdiendo de vista otros valores que ineludiblemente no puede ignorar.
Es necesario tener en cuenta que, tarde o temprano, llegará también la derrota, y un niño mal acostumbrado no estará preparado a aceptarla, con los reflejos psicológicos negativos que eso conlleva. El pequeño se sentirá culpable por no haber obtenido para LOS ADULTOS la satisfacción que le exigen, por lo que en su inexperta psiquis nacerán frustraciones y aflicciones que lo llevarán a sentirse inferior a sus pares, con los relativos traumas sicológicos que acarreará de por vida.

Hagamos pues practicar deporte competitivo a los pequeños, pero con carácter de juego, habituándolos a no darle mucha importancia a los resultados y clasificaciones. Nos será posible en el curso de los años descubrir si tienen o no las cualidades del vencedor, pero no cometamos el error de querer verlos campeones a toda costa antes de tiempo. La actividad deportiva infantil tiene principalmente un objetivo formativo con particular referencia a la esfera social y la motricidad al aire libre.
El pequeño atleta no debe considerarse tal, sino niño entre niños: sin responsabilidades y manteniendo su frescura, sus ingenuas malicias, su inocente instintividad. Desde el punto de vista deportivo será misión del entrenador fundar las bases técnico-atleticas sobre las cuales, al crecer, se podrán evidenciar mejor sus dotes de corredor.

Es un deber para todos, y antes que nadie del mismo entrenador (a veces cegado por sus propios deseos de victoria y exagerada competitividad) reflexionar sobre lo aquí expuesto, a los fines de volver a situar a los pequeños patinadores en su correcta dimensión. Si para el entrenador el objetivo principal es el de ver ganar a sus corredores, puede considerarse satisfecho aún en el caso de poder reconocer en un campeón malogrado a un niño leal, sereno y deportivo.

Roberto Perrone


5 - Aspectos psicológicos
Bibliografía