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La incapacidad de educar a la cultura de la derrota lleva al fracaso en todos los aspectos de la vida. Por MABEL BOCCHI
Competencias infantiles: peleas, gritos, ofensas gratuitas, perennes conflictos entre árbitros y padres, que no se resignan al rol de espectadores y que incluso repudian el de educadores. El fenómeno de los padres “barra-brava”, que muy a menudo sobrepasan el límite de la decencia, está en crecimiento exponencial. ¿A qué se debe eso? Una respuesta la brinda Annamaria Meterangelis, ex DT de la selección juvenil italiana de basket, psicóloga y docente de Psicobiología del deporte en Cassino. “Todos quieren ganar y una derrota deportiva se vive como si fuera una derrota en la vida. Ahora vige la ley de la prevaricación, de la prepotencia, de la conquista fácil, y por ello frente a la derrota se dan dramas exagerados.”
Disturbios de crecimiento Muchos padres no consiguen aceptar que sus hijos se diviertan en la práctica deportiva, que se confronten correctamente con sus similares y, porqué no, que pierdan. La facción de los padres que quieren la victoria a toda costa es cada vez mas prevalerte, y así nos encontramos en las pistas a niños de 10 años que imitando a los grandes campeones ponen en escena simulaciones de faltas, insultan a los compañeros, provocan altercados. Pero las consecuencias de esas actitudes no se limitan a estas actuaciones mas o menos escuálidas. Familias y padres “problemáticos” producirán niños que al crecer serán verdaderos inadaptados. O cuanto menos, atletas incapaces de afrontar las ansias competitivas y la extremada aleatoriedad que es intrínseca al hecho deportivo. En pocas palabras, atletas perdedores. En psicología, es un hecho aceptado que, para un crecimiento equilibrado, en necesario tener interiorizada la certeza del amor materno y una sana identificación emulativa con la imagen paterna. Contrariamente, excesiva severidad o permisividad, repudio u obsesión ejercitan una incidencia negativa sobre la personalidad en evolución del niño.
La cultura de la derrota El deporte sirve a aprender que ganar e incluso perder significa empeñarse al máximo, y afrontar las dificultades imprevistas. “Una sana cultura de la derrota contiene buenos valores formativos ya que constituye la ocasión para re-elaborar vivencias, experiencias -señala Meterangelis- con la convinción de que habrá otras oportunidades para mejorar”. Lealtad, solidariedad, sacrificio, respeto por las reglas y por el adversario, mas aceptación de la derrota, son valores que estimulan y regulan el propio comportamiento, que enseñan a gestionar emociones y afectividad, que contribuyen a mejorar la relación con sí mismos y con los demás, que ayudan a construir la autoestima y conducen de forma natural a una madurez consciente y equilibrada.
Mabel Bocchi Traducido por M. Bresin – Publicado originalmente por la Gazzetta dello Sport, y reproducido sin permiso (total, esos hdp nos afanaron sin nuestro permiso las fotos de Nicole Begg!) |
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